Leonardo Farkas: un emprendedor

Las excentricidades y el carisma de Leonardo Farkas lo han posicionado como un particular personaje en nuestro país. Más allá de celebrar su cumpleaños en el Sheraton de la capital y contratar a KC and The Sunshine Band, Air Suply y a Coco Legrand para animar su fiesta, este chileno es un empresario emprendedor, que fabricó su fortuna audazmente desde la nada.

Leonardo Farkas Klein nació en la ciudad de Vallenar, Chile, el 20 de marzo de 1967. Su padre fue Daniel Farkas, quien falleció el 2004, y su madre es Catalina Klein. De origen judío, realizó sus estudios básicos y secundarios en el instituto Hebreo.

Estudió música durante 15 años - violín, piano, trompeta, acordeón y canto- su afición por los instrumentos hizo que antes de salir del colegio ya hubiese formado su propia orquesta. Cuando egresó de la educación media, estudió Ingeniería Comercial en la Universidad de Santiago de Chile.

A los 20 años, junta diez mil dólares y viaja a Estados Unidos para probar suerte como músico, en un principio trabajó con una orquesta en Nueva York, pero al notar que el negocio era poco rentable decidió seguir solo y convertirse en el hombre orquesta. Comenzó a presentar un show en donde trabajaba solo con 15 teclados, tocando todos los instrumentos. En un principio lo contrataban para matrimonios o eventos esporádicos, pero con el paso del tiempo logró ser reconocido y solicitado por prestigiosos hoteles.

En Miami, trabajó en el Castle Hotel por mil dólares semanales. Con ese dinero podía cubrir sus necesidades básicas, tener un auto y arrendar una pieza en un hotel. Luego trabajó en el Sheraton, donde tocaba reggae de 12 a 14:00 hrs., luego realizaba conciertos de piano para los ancianos de 17:00 a 20:00 hrs. y terminaba las noches haciendo su show en South Beach hasta la madrugada. Así fue como Leonardo logró juntar su primer millón de dólares a los 24 años, con esfuerzo, dedicación y prácticamente sin días libres.

No quiero ser un nuevo "desocupado"

Me da risa la ministra de economía, lo cierto es que la conocía bien poco y la primera impresión que me dio el saber su última papita, es que realmente es una desubicada. Y es que hay que ser muy care nalga digo yo humildemente, para llamar a las personas “que no estén apremiadas” a no buscar trabajo.

La crisis económica mundial repercute cada vez con más fuerza en Chile. El pasado mes, el Instituto Nacional de Estadísticas reportó que el desempleo en el país durante el trimestre febrero-marzo-abril de 2009 llegó al 9,8%. Números alarmantes considerando que es la cifra más alta desde el año 2005.

El deterioro económico a nivel mundial se ha visto reflejado de sobre manera en países donde se plantean políticas económicas de libre acceso. No por nada, estados como el norteamericano han apostado a programas de rescate que salvaguarden el producto interno, llamando a la misma población a gastar dinero dentro del país con el objetivo de apoyar las economías nacionales.

En Chile, las cifras negativas han incluso superado las peores expectativas del mercado, en donde según los expertos y la misma ministra del ramo, la tasa de desempleo de este trimestre se situaría entre el 9,2 y 9,6 por ciento (lo que no sucedió). La realidad por lo tanto, se presenta por lo menos desesperanzadora para los desempleados que día a día siguen engrosando las listas.

Las políticas públicas con respecto a esta preocupante situación, han buscado diversas alternativas, como los son el fomentar
la capacitación y el entregar bonos para las personas que han quedado sin trabajo. Además, presenta un programa de apoyo a las pequeñas y medianas empresas, ya que éstas serían las mayores generadoras de empleo.

Como se puede dar cuenta las cartas ya están echadas, sólo queda esperar que la misma inestabilidad que el mercado ha demostrado, se traduzca no sólo en números negativos para el país, sino en oportunidades concretas de fomento a la economía nacional, y que por supuesto, ayude a la creación de mayores programas de empleo que pretendan cubrir en gran parte el alto número de cesantes que actualmente afectan a miles de familias.

No es Spam: Los diarios en papel están destinados a vivir


Quién pensó y manifestó que”los diarios en papel están destinados a morir” poco y nada entiende sobre adaptación, y más todavía, sobre la vertiginosidad del mundo actual. Para nadie es un misterio que la revolución de las tecnologías no es sólo un eufemismo sino que es una realidad palpable por cualquiera, en donde a menudo vemos como la forma de comunicarnos evoluciona por medio de instrumentos de avanzada que de alguna u otra forma nos facilitan la vida y el ejercicio de nuestra profesión.

Sin embargo, me parece absurdo plantearse la muerte de los diarios de papel, primero que todo por la necesidad intrínseca de continuar con la tradición, entendiéndose ésta, como la visión romántica del olor a papel, la tinta y el suave cosquilleo entre los dedos con cada cambio de página. En segundo lugar porque creo que el problema no es la masificación de Internet ni de los medios electrónicos, sino la confusión que se ha producido entre ellos. Por ejemplo los diarios que en sus respectivos sitios web poseen la misma información que difunden en papel, producen que los usuarios opten en gran parte por la utilización de éste último por razones de precio e inmediatez; lo que se debe hacer entonces, es adaptarse, no competir sino vivir, entender que no se puede competir con la rapidez de Internet pero sí con su profundidad y análisis, también con la veracidad de sus fuentes y también con la discriminación letrada que el espacio virtual genera.

Y por último y no menos importante, me parece necesario señalar que para que esto ocurra (la muerte de papel) sería necesario un cambio globalizante y vinculante, que por lo menos en mi entendido no ocurrirá, ya que el problema del acceso a Internet no es sólo una cuestión de más o menos computadores, sino que de accesibilidad a la cultura letrada que representa el uso de uno de ellos. Para esto, se necesita un cambio de cultura y de entendimiento de las narrativas dominantes, en que el uso de este “espacio” sea neutral, y en donde se cambie la concepción de audiencia a usuario, algo que no sucederá; primero por interés y segundo por el culto al recuerdo, la memoria y la tradición que merece un diario o un libro.